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LOS ALIMENTOS “LIGHT”

Hoy en día la preocupación por mantener un peso adecuado está muy arraigada en la sociedad moderna, unas veces por cuestiones estéticas y otras porque somos conscientes de que el sobrepeso y la obesidad pueden derivar en problemas de salud y enfermedades. Cada vez se oyen más voces expertas que nos recomiendan unos hábitos de vida saludables en cuanto a alimentación y ejercicio. Y esta es una cuestión importante: “hábitos de alimentación” no es lo mismo que hacer “dieta”. Una parte importante de la población se ha sometido alguna vez en su vida a algún tipo de dieta restrictiva, y es aquí cuando los llamados alimentos “light” adquieren un papel principal. Los productos “light” se obtienen a partir de alimentos naturales o procesados, que pasan por procesos de eliminación, reducción o sustitución de alguno de sus componentes, para obtener el mismo alimento, pero con menos calorías. Las principales técnicas utilizadas en la industria alimentaria para la elaboración de este tipo de alimentos son la reducción de azúcares o la sustitución de los mismos por edulcorantes, y la reducción o sustitución de las grasas.

La etiqueta “light” a veces nos lleva a cometer errores. Algunas personas piensan que estos productos no engordan o incluso adelgazan, este es el motivo por el que se consumen a menudo cuando se hace dieta, y curiosamente, como dice el doctor Camilo Silva, endocrinólogo de la Clínica Universidad de Navarra “se puede ser obeso aunque comas todo light». Este experto advierte de que no hay que fijarse solo en la calorías sino en la composición nutricional de un alimento (grasas, proteínas, hidratos de carbono) para no superar las cantidades máximas recomendadas.

Estamos más preocupados por la cantidad de calorías que tomamos que por su procedencia, y no nos damos cuenta que no es lo mismo consumir 100 calorías de pan blanco o de patatas fritas, que de ensalada, por poner un ejemplo. La hormona de la insulina, segregada por nuestro cuerpo cuando sube el nivel de glucosa en sangre, es un potente regulador de grasa almacenada y no se ve afectada de la misma manera cuando comemos carbohidratos refinados o azúcares que cuando tomamos vegetales, grasas y proteínas.

Desafortunadamente, contar calorías sigue siendo una creencia popular, alrededor de la cual se ha construido toda una industria de alimentos y bebidas “light” utilizando endulzantes bajos en calorías y reduciendo grasas. Pero las investigaciones han demostrado repetidamente que las bebidas y alimentos endulzados artificialmente en realidad tienden a:

  • Estimular el apetito
  • Aumentar el antojo por los carbohidratos
  • Estimular el almacenamiento de grasa y aumento de peso

Hay numerosos estudios que han demostrado que cuando percibimos el sabor dulce pero no recibimos calorías, los mecanismos de control del apetito se ven afectados, causando un aumento en el antojo por los alimentos. Según un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Alberta (Canadá), estos productos podrían alterar la percepción del organismo en la relación alimento, sabor y contenido calórico haciendo que los deseos por consumir mayor cantidad de alimentos aumenten. Los endulzantes artificiales, también pueden causar muchos otros efectos no deseables en la salud.

Los otros famosos “light“ que encontramos en el mercado son los productos desnatados. A estos alimentos se les ha quitado la grasa con la pérdida de vitaminas que esto supone, además la mayoría son lácteos y deberíamos tener en cuenta que la leche sólo tiene un 3-4% de grasa. Los niños son los grandes afectados, darles productos desnatados es un error en fase de crecimiento. Además la grasa se cambia por sustitutos o imitadores de grasa y en muchos casos se añaden vitaminas sintéticas que, ni de lejos, cumplen el papel de las naturales. Un niño no necesita productos light, sino más bien una comida ordenada con abundantes vegetales, alimentos naturales y realizar ejercicio.

Mención especial merecen algunos productos que, sin llevar la etiqueta, tienen denominaciones que invitan a pensar que son poco calóricos. Las galletas tipo «digestive», por ejemplo, tienen, por cada cien gramos, 469 calorías, 63 gramos de hidratos de carbono y 20 gramos de grasas totales, casi la mitad de ellas saturadas. No tienen nada de “ligeras”. El caso de las margarinas “cien por cien vegetales”, el concepto sugiere que son más saludables y engordan menos que la mantequilla, pero si en la etiqueta aparecen los términos “parcialmente hidrogenado”, indica que el alimento contiene grasas “trans”. Está demostrado que estas grasas son el peor enemigo del corazón y de las enfermedades cardiovasculares porque elevan el llamado colesterol 'malo' y los triglicéridos. Investigaciones más recientes lo relacionan con otros trastornos: la depresión o la pérdida de memoria para los que abusan de estos productos.


Silvia Navarro Sanmiguel
Ingeniero Agrónomo especialista en Industrias Alimentarias



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