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LAS DEFENSAS Y LA VITAMINA D

Ya es tiempo otoñal, poco a poco las temperaturas irán bajando y los temidos catarros y gripes irán apareciendo sin que aparentemente podamos evitarlo. De acuerdo con Sorana Segal-Maurer, directora de la División de Enfermedades Infecciosas en el Hospital Queens de Nueva York, en realidad no es el clima frío lo que causa los resfriados, sino lo que hacemos en tiempo frío, nuestro modo de vida cambia y nos encerramos en interiores que son caldo de cultivo y propagación de microorganismos. Además las condiciones de sequedad y frío resecan las mucosas que se vuelven vulnerables a estos patógenos. Los más pequeños de la casa tienen un papel decisivo en las epidemias de resfriados. Como dice la Dra. Samper, son unos contagiadores natos tanto por sus características inmunológicas como por su comportamiento. A diferencia de los adultos, que suelen pasar de 2 a 4 resfriados al año, los niños cogen resfriados con muchísima mayor frecuencia debido a su sistema inmune menos "entrenado" frente a las infecciones. Por eso, los niños en edad preescolar son los que sufren más resfriados.

¿Hay algo que podamos hacer para prevenir estas enfermedades invernales?.Fortalecer las defensas naturales del cuerpo siempre será una ayuda. El sistema inmunitario es el encargado de protegernos y de luchar contra los agentes patógenos, recordemos que la gran mayoría de los resfriados y la gripe están provocados por virus y no deben tratarse con antibióticos.

Cada vez hay más estudios que señalan la falta de sol y la consiguiente bajada de la vitamina D como motivo clave por el que nos vemos más expuestos a esas enfermedades en invierno. La vitamina D se produce en la piel bajo el efecto de los rayos ultravioleta B del sol (UVB). Factores que tienden a agravar el déficit de esta sustancia son: el miedo a los efectos nocivos de una sobreexposición al sol, el invierno, la latitud geográfica (en áreas por encima de los 40º de latitud, no se consiguen niveles adecuados), factores climatológicos, la contaminación, el porcentaje de superficie corporal expuesta y la protección solar. También la pigmentación de la piel afecta al tiempo necesario para producir vitamina D; así, los individuos de piel oscura necesitan entre 3-4 veces más de exposición solar para alcanzar los mismos niveles de vitamina D que los de piel clara.

La vitamina D tiene un efecto inmunomodulador directo sobre las células T-CD8, cuya función es la de neutralizar células infectadas por microorganismos mediante un ataque directo a dichas células.

Por lo tanto la optimización de los niveles de vitamina D es la medida más importante y menos costosa que podemos tomar para ayudar a fortalecer la función inmune y protegernos durante la temporada de gripe.

Las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria en cuanto a necesidad de suplementación son:

“A los niños mayores de un año o adolescentes, de forma general, se les recomienda para la adecuada producción de vitamina D la exposición al sol sin protección solar durante 10-15 minutos al día teniendo el rostro y parte de los brazos al descubierto durante la primavera, el verano y el otoño. En invierno por encima de 40º de latitud norte no se producirá vitamina D. Parece adecuada la suplementación con vitamina D3 en niños expuestos poco al sol o que lo hacen con protección solar, niños que llevan el cuerpo cubierto por motivos culturales o niños de piel oscura. “

Por supuesto, también existen otros factores que pueden entrar en juego y pueden reforzar nuestro sistema inmunitario.

  • La alimentación: hay muchos alimentos que tienen reconocidas propiedades antibióticas, mucolíticas y/o de elevación de las defensas. Podemos citar la cebolla, el ajo, aceite de orégano, hierbas aromáticas, hongos, muchas frutas, etc. Pero en general una alimentación rica en vegetales, Omega 3 y productos naturales, será nuestra aliada contra los resfriados ya que mantendrá el equilibrio de nuestra flora intestinal, tan necesario para la buena salud. Así mismo, debemos evitar las comidas procesadas, el exceso de azúcar y harinas refinadas que alimentan a las bacterias y microorganismos dañinos.
  • El descanso y controlar los niveles de estrés: el estrés crónico activa mecanismos negativos en nuestro cuerpo que influyen directamente en la probabilidad de contraer la enfermedad.
  • El ejercicio: es clave en el mantenimiento de la salud en general. El sistema inmunológico se ve favorecido por la oxigenación y la mejora en la circulación que se produce al realizarlo.
  • Tomar medidas higiénicas adecuadas: parece muy básico, pero lavarnos las manos a menudo, evitar estar con personas enfermas y en hospitales, también ayuda a protegernos de las enfermedades microbianas.

Silvia Navarro Sanmiguel
Ingeniero Agrónomo especialista en Industrias Alimentarias



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